En esta oportunidad seguiremos comentando lo vivido en la época de la peste negra por los médicos que se dedicaban a cuidar a los enfermos de sus ciudades ¿Cuán riesgoso debió ser para todos? Aquí en Rincón Random conocemos un poco más de su historia. (Ver primera parte)

Al caminar en medio de una ciudad diezmada por una peste posiblemente aparecería un médico que podría dar la noticia de infección a una persona cualquiera; los síntomas a menudo podrían incluir la presencia de bubones, que son lesiones cutáneas que adoptan una coloración negra azulada, además de fiebre. Por supuesto, algunos doctores sacaban provecho de su cargo ya que algunas familias estaban dispuestas a pagar lo que fuera por la salud de algún ser querido; algunos vendieron su posición a precios muy elevados.

Los doctores para sus fines podrían usar sangría, brebajes o remedios extraños, como poner sapos o sanguijuelas en los bubones para -según ellos- rebalancear los humores. Estos personajes no debían estar en contacto con el público en general debido a la posibilidad de contagiar a otras personas y también podían estar sujetos a cuarentena. Muchos de éstos se contagiaron también de sus pacientes y solían estar confinados por períodos de 40 días, un panorama bastante deprimente. A propósito de esto, fue justamente a raíz del primer brote de peste negra que
el término cuarentena se originó: En la ciudad de Marsella las autoridades iniciaron las medidas de aislamiento estableciéndose que todo barco que llega al puerto con un enfermo o persona sospechosa de padecer la enfermedad debía permanecer a bordo durante 30 días antes de bajar a tierra; por su parte, los venecianos prolongaron este tiempo a 40 días, tiempo en el cual el sospechoso debía ser observado para detectar cualquier síntoma de la infección.

peste negra

El trabajo de estos médicos no involucraba únicamente el sanar a los enfermos, algunos solían trabajar como funcionarios públicos y entre sus tareas estaban el hacer el registro de las personas fallecidas producto de la peste, además se les pedía testificar y presenciar la firma de testamentos, también daban asesoría a sus pacientes sobre su conducta antes de la muerte; esto variaba de acuerdo al paciente y era manejado mayormente por un código de ética.

Al ser contratados por la ciudad y debido a la falta de médicos calificados estos doctores recibían un salario bastante bueno, por ejemplo, en la ciudad de Orvieto en 1348 Mateo de Ángelo fue contratado por una suma equivalente a cuatro veces más que un médico que ganaba cincuenta florines al año y aún así estos personajes cobraban de forma particular por tratamientos especiales a sus pacientes. En todo caso, cada pueblo o ciudad establecía su propio contrato buscando mejores acuerdos económicos, siguiendo de alguna manera las exigencias del doctor ya que pocos querían realizar una labor tan peligrosa. Sin embargo, estos contratos contenían derechos y obligaciones como cualquier otro: en 1527 en la ciudad de Plateau en Italia el médico Stefano Merced fue multado por visitar sin compañía de una escolta a enfermos que no habían contraído la peste negra poniendo en riesgo la salud pública y rompiendo uno de los términos del contrato.

Alguno de los doctores más conocidos fueron por ejemplo Michel de Nostredame o también conocido como “Nostradamus”, mundialmente recordado por sus profecías; éste daba consejos sobre medicina preventiva contra la plaga. Algunas de sus recomendaciones eran eliminar los cuerpos de los infectados, tomar aire fresco con agua limpia y beber jugo de rosa mosqueta. Otro médico conocido de la época fue Giovanni de Ventura, quien se desempeñó como doctor de la peste en la ciudad de Pavía, Italia en 1479; mientras que en España, Francia e Italia el doctor irlandés Niall Ó Glacáine se ganó el respeto por su valentía al cuidar de los pacientes enfermos. Por supuesto, el número de doctores y la ayuda en general no parecía dar abasto; como algunas de las descripciones muestran, el escritor Giovanni Boccaccio, testigo de la peste, lo describe así: “Ni el consejo de los médicos ni la virtud de la medicina, ninguna parecía ayudar o beneficiar a la curación de esas enfermedades”. De hecho, no sólo muy pocos se recuperaban sino que casi todos morían a los tres días de la aparición de los signos, algunos más pronto que otros. De esta manera, la peste negra fue una de las calamidades naturales más terroríficas de esta parte de la historia y sin duda se convirtió en una de esas pruebas difíciles en las que la humanidad tuvo que reponerse a un escenario terrorífico que vio entre sus calles aparecer a uno de los personajes más inquietantes de la historia.
Parecería ser que en nuestro pleno siglo XXI estamos reviviendo esta terrible situación. ¿Volveremos a superarla? Quizás encontremos por las calles alguno de estos doctores con su característico traje, y utilice su látigo para diagnosticar a quien se cruce en su camino.

Fuentes
Para saber más:

-NIEVES SÁNCHEZ, María. Tratados de Peste. 1993: Arcos, Madrid.
-GARGANTILLA, Pedro. Breve Historia de la Medicina; del Chaman a la Gripe A. Madrid: Nowtilus, 2011.
-LAMA, Alexis. Historia de la Medicina; Hechos y Personajes. Santiago: Mediterraneo Ltda., 2004.
-https://www.redalyc.org/pdf/910/91016118.pdf
-https://historia.nationalgeographic.com.es/a/peste-negra-epidemia-mas-mortifera_6280
-https://www.google.cl/amp/s/www.elconfidencial.com/amp/cultura/2020-03-12/la-peste-negre-historia-benedictow-coronavirus_2471127

Un comentario en «Los médicos de la Peste Negra – Parte II»

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