Pelusium Guerra de Gatos

Es de conocimiento popular que los egipcios adoraban a los gatos. La propia diosa Bastet era representada como una mujer con cabeza felina. Para desgracia de este pueblo, su respeto y devoción sería utilizado en su contra por los persas en la batalla de Pelusium.

Hacia el año 526 a.C. los Persas después de conquistar exitosamente países asiáticos de la mano del Rey Ciro II El Grande estaban listos para adquirir nuevos territorios, esta vez junto a Cambises II. Ese mismo año en Egipto el joven Psamético III asume el trono que antes era ocupado por su padre, el Faraón Amosis II, quien había tenido un largo y reconocido reinado de 44 años. Con él, la influencia de Egipto llegó a lugares como Chipre. Este gobernante perteneciente a la dinastía 26 había tenido un próspero gobierno a pesar de no tener sangre real, pues accedió al trono mediante un golpe militar. Finalmente había logrado ser reconocido como un buen gobernante, sin embargo, la presencia de los Persas estaba alcanzando varios lugares expandiéndose cada vez más.

Tras la muerte de Amosis II su hijo tenía la obligación de seguir sus pasos y administrar con prudencia y buen juicio los territorios de Egipto que para esta fecha era el único estado independiente en esta parte del mundo.

Todo era cuestión de tiempo y hacía falta solo una chispa para ocasionar un incendio. Según Heródoto, la causa de este inminente conflicto provenía de varios años atrás cuando Amosis II decidió enviar a uno de sus médicos a la corte de campo, ya que los médicos egipcios tenían una gran fama en el mundo antiguo. No obstante, el sujeto no estaba a gusto con esta misión, debido a que estaba siendo obligado a cumplir con dicha tarea. A este personaje en aquellos territorios no se le ocurrió otra cosa que vengarse, pues éste le sugirió al rey Persa que pidiera la mano de la hija del Faraón egipcio. Evidentemente, el médico sabía muy bien que la idea no agradaría nada a Egipto. Pero el resultado no fue el esperado: Amosis II decidió aceptarlo. Detrás de esta decisión, sin embargo, había entrampamiento: envió a la hija de su predecesor haciéndola pasar por suya. La supuesta hija una vez allí contó toda la verdad al soberano persa y como era de esperarse, éste se sintió insultado, así que era momento de planear su venganza y claro, extender sus dominios. Para empeorar más aún este tenso momento el mercenario griego Fanis de Halicarnaso, quien había sido consejero del Faraón, también estaba en contra de éste, así que éste decidió buscar refugio en Persia. Traicionando al Faraón, igual que el médico, había informado todos los detalles para hacer posible la caída de Egipto, sin embargo, no fue hasta el gobierno de Psamético III que todos estos planes se pondrían en marcha. Para este joven reinado, sin el aplomo y temple que su rival tenía “la suerte
parecía echada”.

En el año 525 a.C. el ejército persa comenzó a abrirse paso hasta los territorios egipcios gracias a los jefes árabes que les proveyeron de agua para cruzar el desierto, pero aún había una pequeña esperanza para Psamético y ésta era solicitar ayuda a sus buenos amigos de las ciudades griegas con quienes tenían buenas relaciones comerciales; después de todos sus intereses podrían verse afectados. Resulta que ellos ya habían pactado con Cambises, así que Egipto estaba casi al borde del abismo.

El lugar de esta batalla sería en Pelusium, una antigua ciudad del bajo Egipto, situada en el extremo noreste del delta del Nilo, siendo la más importante de este lado del territorio. La ciudad era clave en la frontera entre Siria y el mar,  y dada su posición fue blanco de varios invasores, por lo que era una verdadera fortaleza. Pero aquel día sus gruesas murallas parecían hacerse blandas ante lo que venía: ambos ejércitos se encontraron en ese lugar y cada uno tenía aliados extranjeros junto a mercenarios. El ejército egipcio daba lo mejor de sí, aunque no era contrincante para los persas, además que estaban en desventaja numérica y tenían a un inexperto líder frente a ellos ¿El resultado? Una verdadera carnicería.

Las tropas persas avanzaron sin mayor preocupación y los egipcios se mostraron completamente consternados pero atentos no sólo por lo imponentes que éstos parecían sino por una pequeña artimaña que le dio aún más ventaja a los persas y era la imagen en sus escudos de la diosa egipcia Bastet, quien es representada con la imagen de una gata o una mujer con rostro de gata. 

Tal confusión causó esto a los egipcios que los hizo retroceder. Según otras versiones, incluso no era la imagen de esta diosa, sino gatos atados a las mismas armaduras. 

A estas alturas todos sabemos del profundo respeto que los egipcios tenían a los gatos y por los que incluso llegaban a quitar la vida si es que alguien se atrevía a dañarlos. Ante esta contundente defensa no había más que esperar la estocada final: el ejército egipcio había sido derrotado. Hubo 50.000. egipcios que perdieron la vida y en el ejército persa siete mil bajas; se cuenta que huyeron y volvieron rápidamente a la fortaleza con la consigna de salvar sus vidas, decisión bastante sabia ya que estaban protegidos o al menos podrían resistir los ataques.

Tras esas imponentes murallas el ejército persa estaba a las afueras listo para comenzar el ataque e hicieron uso de otra estrategia: lanzar gatos por encima de la muralla, cuál ataque de fuego y nuevamente los egipcios se paralizaron. De inmediato abandonaron la fortaleza huyendo a Memphis. 

Captura Psamtik_III

Queda agregar que además de todos los motivos por los que los egipcios adoraban a los gatos también los veían como un símbolo sagrado de protección y esto ha de haber sido bastante duro para ellos, ya que al ver que la diosa Bastet permitía este trato hacia ellos: habría sido percibido como un signo de infortunio. 

Sorprendidos por tal sacrilegio y temerosos de dañar a los gatos finalmente decidieron huir, pero Psamético fue tomado como prisionero con cadenas y obligado a ver cómo su hija a fuerza trabajaba recogiendo agua del Nilo. Por otra parte, su hijo fue encadenado junto a otros prisioneros a quienes les ponían un freno en la boca antes de matarlos. Sin embargo, el Faraón egipcio fue tratado según las costumbres persas en la que los hijos de los reyes derrotados eran respetados y los utilizaban para los fines que ellos creían convenientes. Si bien al principio esta regla se cumplió, después del tiempo Psamético III este tramó una rebelión contra Cambises y al ser descubierto según los relatos se suicidó, así terminó la soberanía de Egipto quedando sometido al Imperio Persa durante los siguientes 120 años.

Las inscripciones egipcias muestran que Cambises había adoptado los títulos y costumbres de los faraones y desde el mismo Egipto se dispuso a conquistar nuevos reinados. Paradójicamente unos años después volvió a verse para castigar a un usurpador y al ver que éste había recibido el apoyo de mucha gente y no vencería la revuelta, se suicidó. En fin, esta vez la estrategia de los gatos seguro no le hubiera servido demasiado.

 

Fuentes: 

-The world of Ancient Egypt. A Daily Life Encyclopedia (Peter Lacovara)

-The Ancient History of the Near East. From the Earliest Times to the Battle of Salamis (H.R. Hall)

-A History Of Persia (Sir Percy Sykes).

Wikipedia

-Los nueve libros de la Historia (Heródoto)/The complete fragments of Ctesias of Cnidus: translation and commentary with an introduction (Andrew Nichols)

-Stratagems (Polyaenus en Attalus)

 

 

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